Para nuestro país quedará grabada en la memoria la tragedia acaecida en el sector de la Colonia Málaga.
Un bus que regresaba de una vigilia de tres días de la Iglesia ELIM en Ilopango, fue arrastrado hacia el río Acelhuate.
Ese día había caído una fuerte tormenta que hacia imposible transitar por muchos lugares de San Salvador.
Son muchas las preguntas que quedan en el aire:
- Si llovía tanto por qué el bus no esperó estacionado en un lugar seguro. Esto debería de ser una reflexión para tanto busero abusivo que arriesga continuamente al publico que viaja con ellos, no son animales los que transportan, es gente de carne y hueso, que tienen familias que cuidar.
- Por qué los pasajeros al ver el peligro en vez de tratar de ponerse a salvo se pusieron a rezar. Será que muchos tenemos conceptos errados de lo que Dios quiere para nosotros. Será que esperamos que solo porque lo adoramos, nos salvará si nos tiramos a un barranco orando para salir ilesos.
- Por qué no pusieron a salvo a los niños. Está bien que los adultos decidan hacer acciones que para ellos son correctas; pero, que pasa con los niños que todavía no han vivido lo suficiente para decidir, ellos dependen de las decisiones de los adultos.
- Otros se han dedicado a buscar culpables en el gobierno. Andan buscando si el gobierno pudo haber hecho algo para evitar la desgracia. Observando el accionar de los políticos y de como hacen las cosas, pareciera que sólo están interesados en ellos, preocupados en como se van a robar un par de dólares de los impuestos que obligatoriamente tenemos que pagar.
- Por qué no saltó el muchacho que trató de amarrar el bus. Parecía resignado a su destino, probablemente, porque adentro estaba su hijo y esposa.
- Es esto resultado de la reforestación en el país. Es claro a toda vista que al capital lo que le interesa es ganar dinero, sin importarle las consecuencias.
Así podemos seguir listando tantas interrogantes. Realmente, solamente a los que les tocó vivir el momento saben qué corría por sus cabezas, cosa que nunca llegaremos a saber.
Cuando estas situaciones se dan el ser humano es presa fácil del miedo, el instinto de conservación es terrible no nos deja pensar. Algunos solo queremos correr, otros se paralizan.
Lo que si podemos es solidarizarnos con los familiares de las víctimas, que estén seguros que si existe un cielo ahí estarán.

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